sábado 19 de marzo de 2011

Inmortalidad falsa

Traduzco un fragmento de un artículo que leí en The New Yorker, escrito por Danna Goodyear, sobre Barry Michels, terapeuta en Hollywood:

Por mucho, el problema más común que aflige a los escritores que consultan con Michels es la procrastinación, que él entiende en relación con el arquetipo jungiano del Padre. "Procrastinan porque no tienen una figura de autoridad externa que les exiga que escriban", dice. "Suelo explicarle al paciente que sí hay una figura de autoridad a la que deben responderle, pero no es humana. Es el Tiempo mismo que pasa inexorablemente. Es por eso que se le llama Padre Tiempo. Cada vez que procrastinas o pierdes el tiempo, estás desafiando esta figura de autoridad". La procrastinación, dice, es una "forma espuria de inmortalidad", la manera en que el ego afirma que tiene todo el tiempo del mundo; escribir, por lo tanto, es una forma de muerte. Michels les da a los procrastinadores una herramienta a la que llama el Uso Arbitrario del Momento Temporal (Arbitrary Use of Time Moment), que les pide que se sienten frente a sus computadoras por una cantidad determinada de tiempo cada día. "Dices, 'Me estoy rindiendo al Padre, al Chronos arquetípico', dice. 'Me rindo ante él porque él tiene poder sobre mí'. Esa rendición activa algo dentro de alguien. En pocas palabras, hace que la gente siente sus nalgas en la silla". Para los que son en verdad improductivos, Michels les asigna un periodo inicial de 10 minutos: "una cantidad de tiempo que les daría vergüenza no poder cumplir".

¿Qué tal? ¿Será por eso que procrastinamos? ¿Una especie de rebeldía arrogante contra el paso del tiempo? Pos quién sabe.

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