Hay un montón de cosas que podría, o mejor dicho, debería estar haciendo en este momento. Recoger y doblar la ropa, por ejemplo; trabajar en mi tesis; ponerme a leer hasta morir, a ver si me pongo al corriente por fin con la uni; redactar un boletín; recoger mi cuarto, y hasta pintarme las uñas. Pero no, no tengo ganas de hacer nada de eso. Así que --y lo digo sin tentativa de filiación--, a diferencia de Fernando de Rojas, que escribió La Celestina por estar desocupado, yo escribo en este sencillito pero sentidito blog porque no quiero ocuparme de nada.
Después de unos meses turbulentos, fui a Texas el fin de semana pasado, a un congreso, y la distacia temporal me hizo sentir muy bien. Regresé con mucho ánimo, pero la realidad me alcanzó, en forma de un troll de la vida real, a media semana. Tal vez algún día madure y aprenda a vivir con tranquilidad en medio de este tipo de problemas, pero todavía no llego a tal estado de iluminación.
Y como me quedé atorada en el segundo párrafo, aquí se acaba el post. Una hora se me fue en un parpadeo, ya es de noche.
0 escupitajos; ¡escúpeme!:
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