sábado, 15 de octubre de 2011

Playa

Tengo muchas ganas de ir a la playa. Alguien me dijo que todo el mundo siempre quiere ir a la playa. Creo que es como una aplicación que corre minimizada en mi cerebro, si se me permite la metáfora horrible. Sí, más o menos. Siempre está corriendo la infeliz, y ni cuenta te das hasta que de repente la notas y piensas "Ah, sí, quiero ir a la playa".

Pocas cosas me gustan tanto como ir en la carretera y, después de largas horas, tomar una curva y zaz, que ahí esté el Pacífico. Puerto Vallarta está muy lejos, pero valen la pena las miles de horas en esa horrible carretera (horrible por angosta y llena de curvas, aunque el paisaje, hay que decirlo, no es nada desdeñable, menos aún para los que vivimos en el desierto).

Ya tiene más de un año que no voy a la playa. Creo que todos deberíamos ver el mar por lo menos una vez al año, por nuestra salud mental; pero, en un mundo como éste, tal cosa es imposible. Si mal no recuerdo, mi abuela sólo ha visitado el mar una vez en su vida, ya de muy vieja. Lo más probable es que ahora ni siquiera se acuerde de cómo fue.

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